
Si los Gobiernos, rectores, estudiantes, padres de familia, empleadores y, en general, la sociedad, quieren que la educación superior que reciben los jóvenes latinoamericanos siga siendo una vía para mejorar sus trayectorias personales y profesionales y para que los países crezcan de manera productiva y sostenible, van a tener que mover el paradigma. Y no se trata solamente de los saldos que deje la pandemia en términos de deserción, pérdidas de aprendizaje, c…
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