Las elecciones bolivianas de octubre pasado saldaron muchas cosas. Sobre todo, refutaron la extendida idea entre los analistas políticos y mediáticos de que un 70% de los bolivianos no quería “ni en figuritas” el regreso del Movimiento al Socialismo (MAS) al poder. En un contexto de polarización política feroz, la vía electoral permitió pacificar el país y reponer la normalidad constitucional. Sin embargo, como se pudo ver con la reciente detención de la expresidenta Jeanine Áñez, el país sigue dividido en torno a los dos lemas que circularon durante las violentas jornadas de 2019: “Fue golpe, no fue fraude” / “Fue fraude, no fue golpe”.
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