
Es casi un lugar común, un lugar que existe apenas sin ser cuestionado, que las mujeres indígenas sufrimos un patriarcado exacerbado por las características propias de nuestras tradiciones, los usos y costumbres que nos aplastan y que impiden que luchemos del modo en el que el feminismo occidental lo ha hecho. Es como si en nuestra genealogía cultural como mujeres mixes o zapotecas el patriarcado fuera un valor tradicional y no un sistema de opresión. Oponernos a este sistema por fuerza implicaría cuestionar nuestros propios valores tradicionales y poco hay, dicen, en nuestra tradición que pue…
Inicia sesión para seguir leyendo
Sólo con tener una cuenta ya puedes leer este artículo, es gratis
Gracias por leer EL PAÍS
